Tapiz Succo d'Erba de pared, Estilo Renacentista, 70's Francia

ET VIVUM DETULIT APRUM TERRIBILEM

La escena impresa representa un bosque con un león atacando a un jabalí en primer plano y criaturas exóticas entre la maleza de atrás, incluidos un rinoceronte, una tortuga, un camello y un sátiro.

La cenefa decorada con figuras, urnas y guirnaldas de frutos y follaje. La parte superior con inscripción en latín ET VIVUM DETULIT APRUM TERRIBLEM, flanqueado por dos cabezas de Medusa. 

Se trata de una pieza exquisita... si eres un entusiasta del interiorismo y de la decoración ¡atrévete con este tapiz!

 

M E T A M O R P H O S E S - M e t a m o r f o s i s 148 P. OVIDI NASONIS

LIBER OCTAVVS Libro octavo

Extendida en Grecia la fama de Teseo, los pueblos de Acaya lo buscaban por remedio de sus grandes peligros. A pesar de que contaban con Meleagro, los habitantes de Calidón le rogaron su ayuda para combatir a un jabalí que Diana, a fin de vengarse, había enviado contra ellos.

Pues cuentan que Eneo, con el objeto de agradecer los bienes de un año abundante, había hecho los sacrificios debidos a Ceres, a Baco y Minerva y luego a los otros dioses, y que había dejado sin culto las aras de la hija de Latona. Airada y anhelosa de vengarse de tal desprecio, ella había lanzado a las tierras de Eneo un jabalí gigantesco, tan grande como un toro grande, de ojos sanguíneos y quemantes y erizado de cerdas como astiles. Espuma su hocico, y la espuma hierve y corre por sus hombros; sus colmillos se igualan a los del elefante de la India. Su aliento es de fuego y hace arder los follajes (267-289). Ése arruina las cosechas futuras, frustra los votos del colono lloroso, detiene el crecimiento de las espigas.

Entonces, para combatirlo, se reunieron fuertes héroes ansiosos de gloria: Meleagro, Cástor y Pólux, Jasón, los amigos Piritoo y Teseo, los hijos de Tiestes, Linceo, Idas, Ceneo, Leucipo, Acasto, Hipotoo, Drías y Fénix y los Actóridas y Fileo, y estaban también con ellos Telamón y Peleo y Admeto y Yolao, Euritión y Equión, Lélex y Panopeo e Hileo, Hipaso, Néstor, joven todavía, los hijos de Hipocoón, Laertes y Anceo, y Mopso sagaz, y Anfiarao, y Atalanta de Arcadia (290-318).

 Meleagro la vio y la deseó a la vez, y ya enamorado, pensó que el hombre que ella aceptara podría ser llamado feliz. Urgido allí por el deber, se aplicó a la caza (319-328). Llegan los hombres a la selva copiosa y jamás talada, y tienden sus redes, unos; otros desatan a los perros; otros más siguen las huellas del jabalí, ansiando encontrar sus propios peligros. Había un valle en cuyo fondo se congregaban las aguas pluviales bajadas de los montes, en un lugar rodeado de hierbas palustres. De allí es sacado el jabalí que se lanza al punto contra sus enemigos, violento como el rayo (329-339).

Son regalo de ella; ahora morirá por sus propios hechos, como premio de tales hechos. Él, que dos veces le debe la vida, por el nacimiento y por la preservación del leño fraternos, y la piedad maternal le ablanda el alma. Por fin, admite la victoria de sus hermanos, y aun sabiendo que ella también morirá por eso, con el rostro vuelto arroja el leño a las llamas. El tronco gimió o pareció gemir, y ardió en el fuego que se oponía a quemarlo (506-514). Lejos de allí, Meleagro, sin saber por qué, arde en esa misma llama, y siente el dolor y lo aguanta. Se aflige, con todo, porque muere sin combatir, y envidia a los que fueron heridos. En su agonía, invoca a su padre y a sus hermanos, a su esposa y a su madre. Como un fuego, el dolor crece y mengua en él. Fuego y dolor cesan al mismo tiempo, y mientras su espíritu deja su cuerpo, la brasa que resta del leño se cubre de ceniza (515-525). Está de duelo Calidón. Jóvenes y viejos, próceres y gente del pueblo se lamentan; las mujeres se golpean el pecho. El anciano Eneo esparce polvo en sus canas y su rostro, y maldice su larga edad. Altea se suicida clavándose un hierro en las entrañas. Ni con cien bocas y el amparo de Apolo y las Musas, podría el poeta decir la suerte de las hermanas de Meleagro. Descompuestas se golpean el pecho, y abrazan y besan el cuerpo de su hermano. Cuando éste se ha cubiertos aun con vestes de fiesta, donde los dioses se tienden. La mesa cojeaba, y hubo que nivelarla con un tiesto y limpiarla luego con menta, antes de servir en ella aceitunas, cornejos en salmuera, endibias y rábanos, queso y huevos. Todo en trastos de barro. De barro también, se pone una crátera, y, de madera de haya, vasos untados por dentro de cera (651- 670). Poco después se sirvieron las viandas calientes, acompañadas de vino nuevo. En la segunda parte de la comida, hay nueces, higos secos y dátiles y ciruelas y manzanas y uvas, puestos alrededor de un panal. Por encima de todo lo ofrecido, están los rostros llenos de bondad y la voluntad diligente y copiosa (671-679).

Todos se conmovieron por la narración y el narrador; principalmente Teseo. Por esta razón, Aqueloo le habla más, diciéndole que hay quienes cambian de apariencia de una vez por todas, pero otros más tienen la facultad de transformarse a voluntad, a la manera de Proteo, que es ya joven, ya león, tan pronto jabalí como serpiente o toro o piedra o árbol, e incluso toma la apariencia del agua.

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